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lunes, 15 de marzo de 2010

LA PLANTA CARNÍVORA Y EL VETERINARIO!!!

Flora era una planta carnívora, pero carnívora de verdad, que vivía en un supermercado junto al puesto de Paco, su gran amigo carnicero. Paco la trataba con cariño y atención y siempre tenía algún trocito de carne que darle al final de cada día. Pero un día, Flora no recibió su ración de carne, y al día siguiente tampoco, y empezó a preocuparse tanto, que decidió espiar a Paco.
Así fue como descubrió que el carnicero no le daba nada de carne porque guardaba grandes trozos en una gran caja amarilla. Haciéndose la despistada, Flora llegó a pedirle un poco de aquella comida guardada en la caja, pero Paco respondió muy severo que no, y añadió:
- ¡Ni se te ocurra, Flora! No se te ocurra tocar la carne de esa caja.
La planta se sintió dolida, además de hambrienta, y no dejaba de pensar para quién podría estar reservando el charcutero aquellas delicias. Con sus malos pensamientos se fue llenado de rabia y de ira, y aquella misma noche, cuando no quedaba nadie en la tienda, llegó a la caja, la abrió, y comió carne hasta ponerse morada...
A la mañana siguiente, justo cuando llegó Paco para descubrir el robo, Flora comenzó a sentirse fatal. Su amigo le preguntó varias veces si había sido ella quien había cogido la carne, y aunque comenzó negándolo, viendo la preocupación y el nerviosismo del charcutero, decidió confesar.
- ¿Pero qué has hecho, imprudente?- estalló Paco- ¡¡Te dije que no la tocaras!! ¡Toda esa carne estaba envenenada!! Por eso llevo días sin poder darte apenas nada, porque nos enviaron un cargamento estropeado...
A la carrera, tuvieron que ir a buscar un quimijardioveterinario con un invernadero-hospital que pudo por poco salvar la vida de Flora, quien se pasó con grandes dolores de raíces y cambios de colores en las hojas durante las siguientes dos semanas. El susto fue morrocotudo para todos, pero al menos la planta aprendió que obedecer las normas puestas por quienes más nos quieren, es mucho más seguro que obrar por nuestra cuenta sin más.

lunes, 1 de marzo de 2010

LOS MIEDOS DE JULIA

Había una vez una niña que se llamaba Julia.

Julia tenía miedo de muchas cosas; tenía miedo en la oscuridad, tenía miedo de quedarse sola, también tenía miedo cuando veía a mucha gente, tenía miedo de los perros, de los gatos, de los pájaros, de los desconocidos, tenía miedo al agua de la piscina y de la playa, tenia miedo del fuego, de los truenos, de las tormentas, tenía miedo de los monstruos de los cuentos, tenía miedo de ponerse enferma, o de que su mamá enfermara, tenía miedo de ir al Cole, de caerse o hacerse daño jugando…
Tenía tanto miedo que nunca salía de casa para no caerse, enfermar, encontrarse con algún perro o persona desconocida. Pasaban los días y Julia miraba por la ventana, veía jugar a los niños y niñas, veía como corrían y se divertían. Su mamá le decía ¿por qué no vas a jugar con ellos? Pero Julia se sentía muy triste porque tenía mucho miedo y no quería salir de casa.

Llegaba la noche y Julia temblaba de miedo en su cama, todo estaba muy oscuro y no se oía nada, le daba miedo el silencio y la oscuridad de la noche, así que se levantaba y sin hacer ruido se metía en la cama de sus papás, allí se sentía protegida.

Una noche mientras dormía entre mamá y papá, la cama comenzó a temblar, se movía tanto, que Julia se despertó sobresaltada, ¡Terremoto, hay un terremoto! Sus papás parecían no notarlo. Julia se puso de pie en la cama, comenzó a saltar y gritar para despertar a sus papás, entonces un gran agujero se abrió en el centro. Julia cayó dentro y bajo por un gran tobogán que le dejó en un bosque tenebroso y oscuro. Julia se levantó del suelo y miró a su alrededor, ¿dónde estoy? Esta muy oscuro, tengo miedo. ¡Mamá! ¡Papá! ¡Venir a por mí! Nadie parecía oírla, así que Julia pensó, tengo que salir de aquí, se levantó y comenzó a andar, enseguida encontró un camino y decidió seguir andado por él para ver donde le llevaba. ¡Que silencio, no se oye nada! ¡Tengo miedo! Julia se acordaba de mamá y papá, se sentía sola y tenía más miedo aún, cansada de andar se sentó junto a un árbol, se sentía tan triste que empezó a llorar.

Entonces oyó un ruido ¡uuhhhh! ¡ohohoho! ¡uuuhhhh! Julia miraba a un lado y a otro y no conseguía ver nada, un gran pájaro volaba sobre su cabeza, Julia temblaba de miedo. El pájaro desapareció, volvió el silencio, por un momento Julia dejó de temblar, pero entonces oyó ladrar a un perro, parecía que estaba furioso, luego otra vez volvió el silencio… Julia cerró los ojos y se dijo a sí misma, no tengo miedo, no tengo miedo, no tengo miedo, no tengo miedo, no tengo miedo…
Cuando abrió los ojos tenía delante de ella un gran perro negro, Julia se quedó paralizada, el miedo no le dejaba ni parpadear, tenía ganas de gritar, de llorar, de pedir ayuda, pero el miedo no le dejaba moverse, ni hablar, ni gritar, ni siquiera podía llorar…
El perro se acercó aún más, se sentó frente a ella y le dijo: ¡¡Me tienes harto!! Estoy cansado de que seas una miedica, nunca he conocido a una niña con tantos miedos, ¡¡eres la Reina del Miedo!!. Julia seguía paralizada y con la boca abierta, pero no de miedo sino de asombro, ¡¡le estaba hablando un perro!! o mejor dicho, ¿le estaba regañando por tener miedo?
Julia no daba crédito a lo que veía y oía. ¿Es que no vas a decir nada? Le preguntaba el perro, se te ha comido la lengua un gato??, ¡Ah, se me olvidaba que también te dan miedo los gatos!
¿Quién eres tú? Se atrevió a preguntar Julia.
¿Qué quién soy? Soy Dog, el guardián de tu bosque.
¿Mi bosque? Julia miraba a su alrededor, observando el bosque en el que se encontraba.
Sí, tu bosque, el bosque de tus miedos. Aquí viven todos tus miedos, los perros, los gatos, los pájaros, los monstruos, la oscuridad, el silencio, los ruidos, la soledad, las tormentas, el agua, los truenos… ¡¡este es el bosque más grande que conozco!!, ¡me das demasiado trabajo!, ¡no puedo controlar un bosque tan grande!. Tienes que hacer algo…
Pero…. No entiendo, ¿quién ha creado este bosque?, ¿por qué dices que es mío? y que yo te doy mucho trabajo…??
Te lo voy a explicar más despacio… ¡Hola! Soy Dog, soy el perro que guarda el bosque de tus miedos, este bosque lo has creado tu solita, aquí vas metiendo todas las cosas, animales y personas que te dan miedo. Es un bosque muy grande, demasiado grande, porque tienes miedo de demasiadas cosas… ¿Quieres que te lo enseñe? Sígueme…
Dog y Julia recorrieron el bosque y Julia pudo ver todas las cosas, animales y personas que le daban miedo.
Después de haberlo visto todo, se sentó en un claro del bosque, a su alrededor tenía, nubes negras, perros, gatos, pájaros, tormentas, desconocidos, fuego y tantas cosas que le daban miedo…
Estoy cansada de que me sigan todas estas cosas, puedes decirme qué tengo que hacer para no tener miedo.
- ¡Al miedo hay que asustarle! – le dijo Dog –
- ¿Asustar al miedo? ¿Y eso como se hace? Preguntó Julia.
- Muy fácil. Tu ¿cómo asustas a un amigo?
- Me escondo y cuando no se lo espera, salto y con cara de monstruo le grito: ¡¡Buuuuhhh!!
- ¡Muy bien! Pues eso mismo tienes que hacerle al miedo.
- ¿pero dónde está el miedo?
- Espera, que ahora mismo te lo traigo.
Dog desapareció entre los árboles y al poco rato apareció trayendo consigo algo muy grande que venía tapado con una tela negra. Julia, se quedó con la boca abierta,
- ¡Que me trae el miedo! –pensó. Y al instante se puso a temblar.
Dog colocó delante de ella aquel bulto tan grande y le dijo: ¡Prepárate!
Julia volvió a quedarse paralizada. -
- ¡He dicho que te prepares! Confía en mí!!
Julia le hizo un gesto de afirmación.
- Pon cara de monstruo y prepárate para darle un buen susto al miedo, cuando estés lista dímelo y le descubro.
Julia se armó de valor, puso la cara más fea que había puesto nunca, levantó las manos como si fueran garras y grito muy muy fuerte ¡¡¡¡Buuuuuhhhhh!!!!. Al instante Dog retiró la tela que cubría al miedo y ¡¡Sorpresa!! Julia se vio reflejada en un gran espejo, como se vio tan fea y haciendo de monstruo, le dio un ataque de risa
- ¡Jajajaja Jajajaja! ¡Pero que broma es ésta! Si soy yo!!.
- No es ninguna broma Julia – le dijo Dog. El miedo no existe, lo creas tú misma. ¿Volverás a tener miedo? – le preguntó el perro.
- ¿Miedo? ¿De quién? ¿De mí misma? Noooo, pero si yo no doy miedo. ¡Buuuhhh! –gritaba Julia frente al espejo. ¡Jajaja Jajaja! Nunca me había reído tanto.
Mientras decía esto, los animales empezaron a desaparecer, las tormentas, el fuego, el agua, y también el bosque; el bosque empezó a hacerse pequeño, muy pequeño.
-¡Gracias Julia! – le dijo Dog.
-¡Nooo! ¡¡Gracias a ti Dog!! Por enseñarme al miedo.
A la mañana siguiente Julia se despertó en su habitación, su mamá extrañada fue a buscarla
- ¡Julia, no has venido esta noche a nuestra cama!.
- Si mamá, pero ahora soy valiente y pensé que podía dormir sola en mi cama.
A partir de aquel día, Julia dejó de tener miedo y volvió a ser feliz, a salir a la calle, a jugar con sus amigos e incluso llegó a tener varias mascotas.

Recuerda: al miedo hay que asustarle.

lunes, 22 de febrero de 2010

"JUAN SIN MIEDO"

Hace mucho tiempo vivía un joven llamado Juan que no conocía lo que era el miedo.
-Cuando oigo las historias de monstruos y fantasmas que alguna gente cuenta, no les entiendo cuando dicen que se sienten aterrorizados- le dijo un día a su padre.
Así que decidió hacer las maletas y salir en busca del miedo.
Llevaba ya todo el día caminando sin que aquéllo que buscaba se apareciese por ningún sitio. Caía la noche y tenía que buscar un lugar donde dormir. Así que llamó a la puerta de una casa que parecía abandonada.
-¿Quién osa llamar a mi puerta?- dijo una desagradable voz. Y una bruja horrible, fea y mala abrió la vieja puerta de la casa.
- Le haré una pócima para envenenarle y comérmelo después- pensó la bruja. Y le dejó pasar.
Juan, que estaba hambriento y no se había asustado todavía ni por la bruja ni por la casa, probó el brebaje, pero enseguida lo escupió gritando:
- ¡Qué mala está esta sopa!
- ¡¿Cómo?! ¡Qué chico tan maleducado! ¡Fuera de mi casa!- le dijo la bruja echándole con la escoba.
Y Juan tuvo que proseguir su camino en busca del miedo y sin cenar. Y andando, andando, se topó con un enorme ogro que gritaba y temblaba:
-¡Ven aquí!- le dijo a Juan- Tengo mucho frío y me voy a hacer un abrigo con tu piel.
Juan, lejos de asustarse le respondió:
-¿Con mi piel? Con lo pequeño que soy no tendrás ni para un guante. Mejor toma la ropa que guardo en mi maleta y hazte un gran traje.
El ogro en agradecimiento le preguntó:
-¿Qué puedo hacer para recompensarte?
- Yo sólo quiero aprender lo que es sentir miedo y no lo consigo- le dijo Juan entristecido.
- Quizás allí puedan ayudarte- le dijo el ogro señalando a lo lejos - En lo alto de esa montaña hay un castillo encantado por un malvado mago. El rey que allí gobierna ha prometido la mano de su hija a aquel que consiga pasar tres noches seguidas y recuperar el castillo. Hasta ahora, todos los que lo intentaron huyeron asustados o murieron de miedo.
- Puede que allí pueda sentir el miedo-pensó Juan y se marchó corriendo.
Y era cierto, al llegar, el monarca le contó lo que debía hacer:
- Si consigues pasar tres noches dentro, te concederé la mano de mi hija y la mitad de mi reino. - Se lo agradezco- le respondió Juan- pero yo sólo quiero saber lo que es el miedo y dormir un poco.
El rey, que no guardaba muchas esperanzas de que consiguiera pasar ni siquiera una noche allí se despidió diciéndole:
- Cada mañana iré a verte. Si continúas allí cumpliré mi promesa.
Y Juan se dispuso a pasar la primera noche en el castillo embrujado. Pero cuando ya había cerrado los ojos, un aullido impresionante le despertó:
- ¡Uuuuuuuuuh!- Un fantasma tenebroso se deslizaba sobre el suelo y se dirigía a Juan.
-¿Quién eres tú que te atreves a despertarme?- le preguntó Juan furioso, que no conseguía dormir.
- ¡Uuuuuuuuuuh!- repitió.
Pero como no contestaba y no dejaba de emitir esos molestos alaridos Juan Sin Miedo le tapó la boca con una bandeja que adornaba la mesa. El fantasma se quedó mudo y Juan trató de dormirse.
A la mañana siguiente el rey apareció por el castillo como había avisado el día anterior. Y al ver a Juan feliz y contento se asombró enormemente, pero le recordó que aún le quedaban otras dos noches.
Pasó el día y se puso el sol y como la noche anterior el sueño de Juan fue interrumpido por otro ruido de fantasmas. -¡Qué pesados! No me van a dejar dormir esta noche tampoco…
Y agarró la sábana que cubría al fantasma para sonarse la nariz. Así que el espíritu salió corriendo empapado.
Y llegó la tercera noche. Juan Sin Miedo ya dormía cuando escuchó acercarse a una momia espeluznante. Y preguntó:
- Dime qué motivo tienes para romper mi sueño. Como no contestaba, agarró un extremo de la venda y tiró. Retiró todas las vendas y encontró al mago:
- No puedo usar mi magia. Déjame libre y romperé el encantamiento- le pidió asustado el mago. Y así fue como se rompió el hechizo del castillo, el rey cumplió su promesa y Juan se casó con la princesa. Pero no acaba aquí la historia. Los nuevos príncipes todavía no eran felices ni podían comer perdices porque Juan no conocía el miedo. Así que cierto día en que el ahora príncipe dormía, la princesa decidió sorprenderle regalándole una pecera. Pero tropezó al inclinarse, y el contenido, agua y peces cayeron sobre el lecho que ocupaba Juan.
- ¡Aaaaaaaah! - exclamó Juan al sentir los peces en su cara - ¡Qué miedo!
La princesa reía viendo cómo unos simples peces de colores le habían asustado. - Te guardaré el secreto, dijo la princesa. Y eso hizo, y aún se le conoce hoy como Juan Sin Miedo.

viernes, 19 de febrero de 2010

LA LECCIÓN DE CELIA!!!

¡Mamá!, ¡mamá! –gritaba Álvaro mientras corría despavorido hacia la habitación de sus padres.
¿Qué te sucede hijo? –le preguntó mamá
Hay una mano mamá. Hay una mano verde y peluda. Me ha agarrado de los pies y me apretaba muy fuerte. La mano hablaba mamá. Me decía que me iba a arrastrar al ático para encerrarme hasta que dejase de ser un enano “cobardica”
¡Celia!- grito mamá
La puerta de la habitación de la niña se abrió y asomó una carita pecosa -¿Qué pasa mami?
¿Cuántas veces te he dicho que no asustes a tu hermano, Celia? –la preguntó mamá
Una amplia sonrisa se dibujó en la cara de la niña. –Es que es tan divertido, mami
Celia tenía 12 años, dos más que su hermano pequeño Álvaro.
Era una niña alegre, listilla, traviesa y con una desbordante imaginación. Lo que más le gustaba en el mundo era asustar a Álvaro.
Inventaba historias de monstruos “come-niños” de vampiros” chupa-sangre” o de brujas que convertían a los hermanos pequeños en sapos para después cocinarlos en sus calderos.
Aprovechaba cualquier ocasión para asustar a su hermanito. Se escondía detrás de las puertas, se metía dentro de los armarios, se colaba debajo de las camas y le encantaba disfrazarse de la manera más terrorífica.
Me da igual que protestes Celia. No vas a venir con nosotros al Centro Comercial. Estás castigada –le dijo mamá. Mientras, Celia no paraba de quejarse.
Tienes la cena en el microondas. Haz los deberes y recuerda que bajo ningún concepto debes de abrir la puerta a nadie. Y nada de tele. Llegaremos alrededor de las diez.
¿Lo has entendido todo? –Si mamá, dijo Celia con desgana.
No era justo. Solo le había dado un susto pequeñito. Tampoco había sido para tanto. No entendía porque mamá se había enfadado tanto.
Esperó a que el coche se alejara por el camino y bajó corriendo al salón. Decidió que los deberes tampoco corrían tanta prisa. Era viernes y tenía todo el fin de semana para terminarlos. ¿Verdura? ¡Puaf! Un bol de palomitas con mantequilla sería mejor cena. Y de postre… ¡helado!
Celia se había quedado dormida en el sofá. Miró el reloj y advirtió que eran más de las doce. Se levantó enfadada. Seguro que estaban en la hamburguesería. ¡No era justo!
De repente, calló en la cuenta de que estaba sola en casa y que era la hora de las brujas. Celia no seas tonta, si las brujas no existen, se dijo a si misma. Una risa atronadora llenó el salón y notó como a su espalda una sombra cruzaba el comedor
Celia corrió despavorida hacia la puerta principal. La abrió y cuando se disponía a salir por primera vez en su vida sintió miedo. En el exterior se cernía la más negra oscuridad.
El viento agitaba las ramas de los árboles y daban en los cristales del piso de arriba. ¿Y si en realidad era un vampiro esperando para que le abriese la ventana? Porque como le había contado a su hermano en cientos de ocasiones los vampiros tienen que ser invitados y una vez que les has dejado entrar estás perdido. Se abalanzan sobre ti y te chupan la sangre hasta que no queda ni una gota.
Iría a su habitación. Allí estaría segura. Subió todo lo deprisa que pudo la escalera y con un sonoro portazo cerró la puerta. Buscó el interruptor a tientas y lo pulso. La luz no se encendía. ¡La luz no se encendía!
¡¡¡Ahhhhh!!! Algo peludo le había rozado el hombro. ¿Seria verdad que debajo de las camas y dentro de los armarios habitaban los monstruos con los que cada noche asustaba a su hermano?
Se metería en la cama y se taparía con la sabana hasta la cabeza. Si eso es lo que haría. Pero al instante deshecho la idea. ¿Acaso las sabanas la protegerían de los afilados colmillos del vampiro, de las poderosas garras del monstruo peludo o de la bruja con su maléfica risa?
Una mano empezó a zarandearla. Gritó, gritó todo lo fuerte que pudo y no dejó de gritar hasta que escuchó la voz de su madre intentando hacerla callar.
-Celia, ¿acaso te has vuelto loca? ¿No te das cuenta del susto que nos has dado?
Celia no dejaba de llorar y relataba entre hipidos lo que le había sucedido esa noche.
-¡Ya está bien! Esto pasa de castaño oscuro. Deja de decir mentiras. Los vampiros solo existen en las películas, las brujas solo viven en los cuentos de hadas y te puedo asegurar que los monstruos peludos no viven en los armarios ni esperan agazapados debajo de las camas para llevarse a los niños. Tienes demasiada imaginación y deberías usarla para algo más constructivo.
Juan, ¿crees que Celia habrá aprendido la lección? – preguntó la madre de Celia a su marido
Estoy seguro cariño, estoy seguro…
Y es que lo que Celia no sabía es que sus padres y su hermano habían sido los responsables de todo aquello…
Los monstruos no existen niños... ¿o si?

lunes, 8 de febrero de 2010

LOLO Y LOS MONSTRUOS!!

Una noche, Lolo corrió llorando hasta la habitación de su mamá y su papá.
-“¡Hay un monstruo malo en mi habitación que me quiere llevar con él!”.
- “Lolo, cariño, los monstruos no existen” –le dijo mamá.
-“Que sí mamá, que yo lo he visto”.
Por más que intentaron convencerle no pudieron conseguir que Lolo volviese a dormir en su camita.
Esta situación se estuvo repitiendo durante varios días. Mamá no lo podía entender, porque Lolo siempre había sido un niño muy alegre y que no le tenía miedo a nada.
Mamá le preguntó una mañana a Lolo:
-“¿Por qué ahora de repente tienes miedo a monstruos?”.
- “Es que un niño en el cole dice que hay monstruos en nuestros armarios que vienen y nos llevan y nunca volvemos a ver a la gente que queremos”.
Mamá intentó convencer a Lolo de que eso no era verdad pero él se negaba a hacerle caso a mamá. Como la iba a creer, ¡se lo había dicho el niño más listo del cole!
Por fin llego el viernes y como todos los viernes, Lolo iba a dormir en casa de los abuelos. Mamá muy preocupada le contó a la abuela lo que estaba pasando.
-“No te preocupes, yo hablaré con Lolo” –respondió la abuela con una gran sonrisa.
Llegó la hora de irse a dormir y Lolo le dijo a su abuela:
- “¿Sabes qué estaría bien, abuelita?”.
-“¿Qué, Lolo?”
-“Dormir los tres juntos en la misma cama.”
No sé atrevía a decirle a la abuela que tenía miedo de los monstruos de armario y quizás de esa manera……
-“Pero Lolo, no entramos todos en una cama”.
-“Bueno, pues yo duermo contigo y el abuelito que duerma solo”.
La abuela quería que Lolo le contase lo que le pasaba así que le preguntó:
- “Lolo, ¿qué te preocupa?”.
Lolo comenzó a llorar y le contó a su abuela lo que le había dicho el niño más listo del cole.
-“¡Anda Lolo! A ese niño tan listo del cole se le ha olvidado decirte una cosa”.
-“¿Qué abuelita?”.
-“Pues que esos monstruos que dice que viven en los armarios sólo se llevan a los niños que nunca sonríen y siempre están enfadados. ¿Eres tú un niño de esos Lolo?”.
-“No abuelita, a mi me gusta sonreír y estar contento”. “Pues entonces no tienes nada de lo que preocuparte Lolo. Cuando te metas en la cama sonríe y duérmete contento y sin estar enfadado y nada ni nadie molestará tus sueños.”
-“¿Estás segura, abuelita?
-“Pues claro Lolo. ¿Has visto lo mayor que soy ya y nunca ningún monstruo me ha llevado con él? ¿Sabes por qué? Pues porque siempre que me voy a la cama me voy contenta y con una sonrisa.”
-“Pero es que el niño del cole…”
-“Lolo, aunque ese niño es muy listo, mamá y papá y los abuelos te queremos mucho y nunca te engañamos. ¿Pruebas lo que te he dicho?”
-“Sí, abuelita. Probaré.”
La abuela arropó a Lolo, le dio un beso, apagó la luz y salió de la habitación. Lolo, se quedó dormido con una gran sonrisa en la boca.
-“Abuelita, abuelita.” –gritaba Lolo, con una gran sonrisa bajando las escalera a la mañana siguiente-. “Tenías razón. Me he dormido con una gran sonrisa y ningún monstruo me ha molestado”.
La abuelita lo abrazó y le dio un gran beso. Lolo nunca más volvió a tener miedo de ningún monstruo porque todas las noches se metía en su camita con una gran sonrisa. Y desde aquel día también cada vez que el niño más listo de su cole le contaba alguna cosa, antes de tener miedo le preguntaba primero a sus papás y a sus abuelitos.
Así que ya sabéis, todas las noches cuando os metáis en la cama, hacerlo con una gran sonrisa y cuando algún niño os quiera contar alguna cosa, antes de creerle preguntar a quien más os quiere.

lunes, 25 de enero de 2010

LA NIÑA DEL ZURRÓN!!!!

Esto era una muy guapa que todas las tardes, todas las tarder, su madre la mandaba a la fuente a por un botijo de agua. Un día , por su santo , le regalagaron unos zapatos de charol.

-¡Uy , qué zapatos tan lindos! ¡Y qué bien me están! ¿Puedo ponérmelos para ir a la fuente?

-Sí , pero ten mucho cuidado - contestó la madre. - No te los vayas a estropear.


La niña cogió su botijo y salió la mar de contenta, pero como había mucho fango alrededor de la fuente, se quitó los zapatos y los puso encima de una piedra. Cuando terminó de llenar el botijo, se volvió a su casa y no se acordó de los zapatos. Nada más llegar, le preguntó su madre:


-¿Y los zapatitos?
-¡Uy , es verdad! ¡Me los he dejado en la fuente!
Salió corriendo , corriendo , pero cuando llegó los zapatitos no estaban por ninguna parte. Se puso a buscar, venga a buscar , pero nada. Los zapatitos parecía que se los había tragado la tierra. Y la niña se puso a llorar.
-¿Por qué lloras, niña guapa? -Oyó que alguien le decía. Miró a su lado y vio a un viejo vagabundo sentado junto a la fuente.
-Es que he perdido mis zapatitos nuevos.
-¿Y dónde los dejaste?
-Aquí , encima de esta piedra.
-¡Ah , bueno con que son tuyos!. Hace un momento, cuando los vi , me dije: Estos zapatitos tienen que ser de la niña más buena y más guapa de este pueblo. Y los guardé en mi zurrón.

La niña se quedó mirando un zurrón muy sucio que tenía aquel viejo andrajoso , y con un hilo de voz, dijo:

-¿Me los va usted a dar?
-¡Cómo no , hijita! Tú misma puedes cogerlos. No tienes más que abrir el zurrón y meter tus lindas manitas.
La niña se acercó con mucho miedo , y cuando ya tenía abierto el zurrón, el viejo la empujó y la metió dentro. Luego se echó el zurrón al hombro, y sin que nadie lo viera cogió el camino y salió del pueblo. La niña , pobrecito, iba sollozando.

El viejo entonces la amenazó que si seguçía llorando le iba a dar una paliza con una palanca que llevaba:

-En vez de llorar , tienes que cantar, cuando yo te diga: ¡Canta , zurroncito, canta , que si no te doy con la palanca! Y si me obedeces y eres buena, algún día te soltaré.

El vagabundo llegó a otro pueblo y se puso en mitad de la plaza, pregonando que tenía un zurrón encantado. Cuando acudió la gente, dijo : ¡Canta , zurroncito, canta , que si no te doy con la palanca! Y entonces la niña empezó a cantar:

En un zurrón voy metida.
en un zurrón moriré.
Por culpa de unos zapatos,
que en la fuente me dejé .

La gente se creía que de verdad era el zurrón el que cantaba y ecahban dinero. Y así el vagabundo fue, de pueblo en pueblo, ganándose la vida. En todas partes hacía lo mismo. Soltaba su carga en medio de la plaza y se ponía a dar voces, diciendo que traíaun zurrón encantado.

Cuando la gente acudía, levantaba su barra de hierro y decía; ¡Canta , zurroncito , canta , que si no te doy con la palanca ! Y la niña cantaba:

En un zurrón voy metida,
en un zurrón moriré .
Por culpa de unos zapatos,
que en la fuente me dejé.

Y mientras cantaba, el vagabundo pasaba su gorra entre el público. Luego se echaba el zurrón al hombro y comenzaba a andar, andar y andar, hasta que llegaban a otro sitio.

Pasó mucho tiempo y ya el viejo ni se acordaba en qué pueblo había cogido a la niña.
Sin darse cuenta, llegó adonde vivían sus padres y se puso a pregonar, como en todas partes. Pero como en el pueblo sabían que aquella niña había desaparecido y conocían su voz, en cuanto la oyeron cantar:


En un zurrón voy metida,
en un zurrón moriré.
Por culpa de unos zapatos ,
que en la fuente me dejé.


una tía de la niña, pensó: "Hay que ver , si parece la voz de mi sobrinita ... " Y otras gentes que estaban allí también pensaron lo mismo. La tía les dijo;
-No dejéis que el viejo se vaya. Entretenedlo como sea, que voy corriendo a avisar a mi hermana.

Entonces los vecinos le pidieron al viejo que hiciera cantar al zurrón una y otra vez, y le echaban mucho dinero. Y el viejo , contetísimo;
-¡Canta , zurroncito, canta , que si no te doy con la palanca!
Y la niña:

En un zurrón voy metida,
en un zurrón moriré.
Por culpa de unos zapatos ,
que en la fuente me dejé.

martes, 1 de diciembre de 2009

CAPERUCITA ROJA

Había una vez una niña muy bonita. Su madre le había hecho una capa roja y la muchachita la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.

Un día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuela que vivía al otro lado del bosque, recoméndandole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo.

Caperucita Roja recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía que atravesar el bosque para llegar a casa de la Abuelita, pero no le daba miedo porque allí siempre se encontraba con muchos amigos: los pájaros, las ardillas...

De repente vio al lobo, que era enorme, delante de ella.

-¿A dónde vas niña? . Le preguntó el lobo con su voz ronca.
-A casa de mi abuelita. Le dijo Caperucita.
-No está lejos. Pensó el lobo para sí, dándose media vuelta.

Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo cogiendo flores:

-El lobo se ha ido . Pensó. No tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un hermoso ramo de flores además de los pasteles.

Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la Abuelita, llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había observado la llegada del lobo.

El lobo devoró a la Abuelita y se puso el gorro rosa de la desdichada Abuelita, se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita Roja llegó enseguida, toda contenta.

La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada.

-Abuelita, abuelita ¡Qué ojos más grandes tienes!.
-Son para verte mejor. Dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.
-Abuelita, abuelita, ¡Qué orejas más grandes tienes!.
-Son para oírte mejor. Siguió diciendo el lobo.
-Abuelita, abuelita, ¡Qué dientes más grandes tienes!.
-Son para ...¡comerte mejooooooooor!. Y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y la devoró, lo mismo que había hecho con la abuelita.

Mientras tanto , el cazador se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la Abuelita.
Pidió ayuda a un segador y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba.

El cazador sacó su cuchillo y rajó el vientre del lobo. La abuelita y Caperucita estaban allí , ¡vivas!.

Para castigar al lobo malo, el cazador le llenó el vientre de piedras y luego lo volvió a cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó.

En cuanto a Caperucita y su abuela , no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita Roja había aprendido la lección. Prometió a su Abuelita no hablar con ningún desconocido que se encontrara en el camino. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas recomendaciones de su Abuelita y de su Mamá.



lunes, 23 de noviembre de 2009

SESIÓN: LA CASITA DE LA LENGUA

OBJETIVOS:

-Desarrollar la movilidad de los órganos bucofaciales.
-Realizar ejercicios de respiración.
-Discriminar auditivamente ruidos.
-Realizar ejercicios de ritmo.
-Desarrollar el lenguaje expresivo y comprensivo.


ACTIVIDADES:

-Movimiento de lengua.
-Movimiento de labios.
-Movimiento de ojos.
-Movimiento de mejillas y mandíbulas.
-Inspirar por la nariz y espirar por la boca.
-Discriminación de ruidos dentro del aula.
-Hacer palmadas según el ritmo indicado.



DESARROLLO DE LA SESIÓN:

La Casita de la Lengua:


Había una vez una casita , y dentro de esta casita estaba la lengua. ¿Verdad? ¿Dónde estará la lengua? (Esperamos que lo indiquen).Muy bien!.

Dentro de la boca. Aquí está escondida siempre en su casa. A veces parece una bola loca moviéndose de un lado para otro ( movimiento de la lengua dentro de la boca de un carrillo a otro). Ahora la vamos a sacar de paseo, fuera de la boca. Se abre la puerta y sales ( sacar la lengua lo máximo posible , manteniéndola fuera unos segundos). Ahora está cansada y quiere descansar dentro de la boca ( la metemos dentro). Tiene sueño ( bostezo, abriendo y cerrando la boca suavemente). Se va durmiendo poco a poco ( inspiramos por la nariz y espiramos por la boca como si estuviéramos durmiendo). Ahora la lengua está dormida y está soñando , y piensa que tiene hambre y empieza a comer un bocadillo muy rico ( masticamos: al comenzar , un movimiento de labios sin abrir la boca y después,abrir y cerrar la boca , primero despacio y después más deprisa) , y después del bocadillo come galletas, caramelos y una piruleta muy rica, ( pasar primero la lengua de un lado a otro por el labio superior para pasar posteriormente al labio inferio) , y dice ¡qué rica está la piruleta!, rechupeteándose los labios( movimiento de labios alterno, arriba-abajo). Nosotros la vamos a despertar de su sueño de la siguiente manera. Cuando yo diga, damos una palmada ( lo hacemos ) o mejor vamos a dar dos palmadas ( lo hacemos) . Nada , parece que no se despierta. Vamos a despertarla de otra forma ( diciendo "aaaaaa" subiendo el tono ; también se puede hacer con la "e" , "o", "i", "u" ) . Después de despertarse , le ha gustado tanto , tanto el sueño que ha tenido , que se pone muy contenta ( sacar y meter la lengua muy deprisa , imita onomatopeyas).


Si para hablar quieres ser campeón , mueve tu boca mejor.
Colorín, colorado, ....